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MADARA CHRONICLES

¡Bienvenido a Madara Chronicles! Foro de Naruto interpretativo donde buscamos que el usuario se encuentre con la mayor de las comodidades y disponga de opciones para crear y desarrollar su personaje dentro de una ambientación, permitiendo que cobre importancia con el paso del tiempo y de su propio desarrollo.

Actualmente estamos en fase Beta, pero trabajamos duramente para dar una experiencia nueva y única para el usuario, con multitud de ideas y proyectos que esperamos que pronto vean la luz.

¿Por qué no te animas a formar parte de este gran proyecto? ¡Te esperamos con los brazos abiertos!
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¿Sabías que...
Madara Chronicles es un foro basado en la obra de Masashi Kishimoto "Naruto" y "Naruto Shippuden", utilizando tan solo su ambientación y personajes para crear una trama propia.

Todo el contenido producido en el foro es propiedad de sus creadores originales, así como el contenido administrativo es propiedad del Staff. La estética del foro proviene del usuario Akira Aoi, agradeciendo a Foroactivo, W3Schools y otras páginas webs por su tutoriales.

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Hermanos [2/6]

Misión Rango C | Parte 1 | ¡En la Boca del Lobo! | Equipo 3 : Suna no Doragon

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Yugen Nendo
Tocaría a la puerta de mi casa un hombre que portaba el uniforme característico de los Jounnins de la aldea de la Arena, toques suaves y sutiles, siendo estos justamente los necesarios para poder llamar la atención de quienes residen en el interior de dicha morada. Abriría entonces con los ojos entrecerrados, soñoliento pudiendo observar a este hombre. -Buenos Días… ¿Yugen Nendo? - Preguntaría aquel hombre sin mas preámbulos, extendiendo en el proceso un pergamino que estaba amarrado con una pequeña soga de mimbre, el mismo era de color rojizo y constaba con una estampa del Despacho del Kazekage. -Si…Soy yo ¿Qué necesita? -

Respondería de forma breve y concisa ante la duda del hombre portador del uniforme Jounnin. Intrigado no haría mas que dejar escapar una leve sonrisa acompañado de una carcajada sin más, frotaría mi cabello mientras entregaba en mis manos aquel pergamino de color rojo. Aun frotando mis ojos con mi mano izquierda, tomaría e ignoraría por completo el reciente gesto del Jounnin, adentrándome nuevamente en mi hogar y asegurándome de cerrar la puerta. El Jounnin rápidamente se desvanecería con un movimiento veloz, en sus manos portando dos pergaminos más que entregaría a dos personas por ahora desconocidas para mí.- ¿Una misión? No tenía nada prevista para estos últimos días…- Dudoso, retiraría el sello y acto seguido la unión realizada por mimbre, para revelar el contenido de dicho pergamino. En su interior, describía formalmente una citación al Despacho del Kazekage, sin embargo, aclaraba que solo debíamos presentarnos en la planta baja del mismo, es decir el área que era publica para todos y no adentrarnos en la edificación, pues no era necesario…lo que si sería motivo de urgencia sería presentarme de inmediato en las inmediaciones… -Que extraño…-

Pensé en voz alta mientras dejaba el mensaje sobre una pequeña mesa de madera que había en la recepción de mi hogar justo después de pasar por la puerta principal, abandonaría dicha zona y dispondría de menos de 15 minutos para prepararme, una ducha, un pequeño aperitivo y estaba listo; aún con residuos de ser despertado tan súbitamente, pero no era tampoco algo de que preocuparme. Sin revisar si quiera si estaba mi madre en casa o no, saldría cuanto antes del edificio, saltando desde el balcón del segundo piso, maniobrando en el camino para aterrizar exitosamente sobre la cálida arena, aun eran aproximadamente las 6:00 AM, por lo cual había residuos de la fría brisa que solía acariciar el desierto y por consecuente la aldea.

Observaría el despacho del Kazekage, edificio que por su gran altura se alzaba sobre todo los demás, colocaría entonces sobre mi cabeza la capucha del abrigo que solía usar siempre, evitando las molestias que causaban los pocos rayos de sol que daban en mi actual posición. Iniciaría así una caminata a paso rápido a través de la Aldea, para así en aproximadamente 20 minutos finalmente llegar al Despacho. Entraría sin siquiera saludar a los presentes, una vez dentro de aquella sala que funcionaba como recepción sería detenido por una mano que halaba fuertemente de mis ropajes; voltearía a ver de reojo al responsable, un hombre de aproximadamente metro noventa, cabello rojizo largo y una tapa bocas me observaría de costado halando mis ropajes. Sacudiría ferozmente mi hombro para librarme del agarre del desconocido, volteando a verle de frente… -Qué demonios te sucede… ¿Quieres problemas? -

El hombre mantendría un semblante frío e inexpresivo durante menos de un minuto a partir de mis palabras, se alejaría menos de un metro y observaría mi cuerpo de pies a cabeza, llevando su mano izquierda bajo su mentón para finalmente decir algunas palabras…-Debes ser el explosivo Yugen…veo que tu apodo cae bien con tu actitud, debes controlarte más. Mi nombre es Sesshomaru Senju, tu nuevo Sensei; me hubiera gustado tener un acercamiento mas a largo plazo, pero los lideres creen que no hay tiempo para ellos…Se nos ha asignado una misión C, solo queda esperar a tus compañeros…-

¿Qué estaba diciendo? Mis ojos se abrieron de par en par al escuchar las palabras del pelirrojo… ¿Sensei? ¿Misión? ¿Compañeros? Nunca me había gustado la idea por eso no me había anotado como voluntario para formar un equipo con otros gennins…solo lo hacia si la misión requería de ello… -Se-Sen-Sensei…- Tartamudo y sin palabras no haría mas que observar asombrado durante minutos el rostro sonriente del hombre frente a mí, al cual ahora debería llamar Sensei y aun peor estaba la gran incógnita de quienes serían los otros dos Shinobis que me harían compañía…

Equipaje:
Estadísticas:
Técnicas y Acciones:
Tocaría a la puerta de mi casa un hombre que portaba el uniforme característico de los Jounnins de la aldea de la Arena, toques suaves y sutiles, siendo estos justamente los necesarios para poder llamar la atención de quienes residen en el interior de dicha morada. Abriría entonces con los ojos entrecerrados, soñoliento pudiendo observar a este hombre. -Buenos Días… ¿Yugen Nendo? - Preguntaría aquel hombre sin mas preámbulos, extendiendo en el proceso un pergamino que estaba amarrado con una pequeña soga de mimbre, el mismo era de color rojizo y constaba con una estampa del Despacho del Kazekage. -Si…Soy yo ¿Qué necesita? -

Respondería de forma breve y concisa ante la duda del hombre portador del uniforme Jounnin. Intrigado no haría mas que dejar escapar una leve sonrisa acompañado de una carcajada sin más, frotaría mi cabello mientras entregaba en mis manos aquel pergamino de color rojo. Aun frotando mis ojos con mi mano izquierda, tomaría e ignoraría por completo el reciente gesto del Jounnin, adentrándome nuevamente en mi hogar y asegurándome de cerrar la puerta. El Jounnin rápidamente se desvanecería con un movimiento veloz, en sus manos portando dos pergaminos más que entregaría a dos personas por ahora desconocidas para mí.- ¿Una misión? No tenía nada prevista para estos últimos días…- Dudoso, retiraría el sello y acto seguido la unión realizada por mimbre, para revelar el contenido de dicho pergamino. En su interior, describía formalmente una citación al Despacho del Kazekage, sin embargo, aclaraba que solo debíamos presentarnos en la planta baja del mismo, es decir el área que era publica para todos y no adentrarnos en la edificación, pues no era necesario…lo que si sería motivo de urgencia sería presentarme de inmediato en las inmediaciones… -Que extraño…-

Pensé en voz alta mientras dejaba el mensaje sobre una pequeña mesa de madera que había en la recepción de mi hogar justo después de pasar por la puerta principal, abandonaría dicha zona y dispondría de menos de 15 minutos para prepararme, una ducha, un pequeño aperitivo y estaba listo; aún con residuos de ser despertado tan súbitamente, pero no era tampoco algo de que preocuparme. Sin revisar si quiera si estaba mi madre en casa o no, saldría cuanto antes del edificio, saltando desde el balcón del segundo piso, maniobrando en el camino para aterrizar exitosamente sobre la cálida arena, aun eran aproximadamente las 6:00 AM, por lo cual había residuos de la fría brisa que solía acariciar el desierto y por consecuente la aldea.

Observaría el despacho del Kazekage, edificio que por su gran altura se alzaba sobre todo los demás, colocaría entonces sobre mi cabeza la capucha del abrigo que solía usar siempre, evitando las molestias que causaban los pocos rayos de sol que daban en mi actual posición. Iniciaría así una caminata a paso rápido a través de la Aldea, para así en aproximadamente 20 minutos finalmente llegar al Despacho. Entraría sin siquiera saludar a los presentes, una vez dentro de aquella sala que funcionaba como recepción sería detenido por una mano que halaba fuertemente de mis ropajes; voltearía a ver de reojo al responsable, un hombre de aproximadamente metro noventa, cabello rojizo largo y una tapa bocas me observaría de costado halando mis ropajes. Sacudiría ferozmente mi hombro para librarme del agarre del desconocido, volteando a verle de frente… -Qué demonios te sucede… ¿Quieres problemas? -

El hombre mantendría un semblante frío e inexpresivo durante menos de un minuto a partir de mis palabras, se alejaría menos de un metro y observaría mi cuerpo de pies a cabeza, llevando su mano izquierda bajo su mentón para finalmente decir algunas palabras…-Debes ser el explosivo Yugen…veo que tu apodo cae bien con tu actitud, debes controlarte más. Mi nombre es Sesshomaru Senju, tu nuevo Sensei; me hubiera gustado tener un acercamiento mas a largo plazo, pero los lideres creen que no hay tiempo para ellos…Se nos ha asignado una misión C, solo queda esperar a tus compañeros…-

¿Qué estaba diciendo? Mis ojos se abrieron de par en par al escuchar las palabras del pelirrojo… ¿Sensei? ¿Misión? ¿Compañeros? Nunca me había gustado la idea por eso no me había anotado como voluntario para formar un equipo con otros gennins…solo lo hacia si la misión requería de ello… -Se-Sen-Sensei…- Tartamudo y sin palabras no haría mas que observar asombrado durante minutos el rostro sonriente del hombre frente a mí, al cual ahora debería llamar Sensei y aun peor estaba la gran incógnita de quienes serían los otros dos Shinobis que me harían compañía…

Equipaje:
Estadísticas:
Técnicas y Acciones:

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Sabaku Tsunayoshi
Aquella mañana el día parecía ser uno como cualquier otro; cálido para muchos pero frío para aquel joven con la peculiar capacidad de controlar el material reinante del suelo del país del Viento. Un día libre que empezaba muy temprano para el Sabaku de rojizos cabellos que, para variar, tomaría no para descansar de su labor diaria como shinobi de la arena, sino para entrenar y mejorar sus habilidades como tanto necesitaba constantemente. Se levantó muy temprano. 5:00 am y sin necesidad de un despertador. Tomó un baño para empezar la mañana con una frescura difícil de sentir salvo en las frías noches tan comunes como los calurosos días en aquel lugar. Miró a su fiel compañera a un lado de su cama y sintió ese único momento de alivio que podía darse el lujo de sentir en las mañanas al darse cuenta de que no estaba del todo solo mientras tuviese su arena consigo en esa calabaza de considerable gran tamaño. Con calma pero sin mucha lentitud se colocó su atuendo usual para así salir de su habitación rumbo a la cocina. Preparó un desayuno sencillo pero bastante nutritivo, eso para tener las suficientes energías que necesitaría, obviamente lo comió luego. Una vez listo físicamente, sólo necesitaba aquel artefacto lleno de su material desértico especial que le acompañaba en su vida diaria sirviéndole como arma, protección y gran amiga; su calabaza llena de arena. Contenedor arenoso a la espalda y se dispuso a salir rumbo a los campos de entrenamiento de la aldea. Serían las 6:00 am aproximadamente para cuando colocaba seguro a su casa y se daba vuelta para partir, aunque su andar se vería detenido por la llegada de un hombre al cual recordaba haber visto en una que otra ocasión pero que desconocía su nombre por la falta de contacto...

- Tsuna, buen día. - Dijo aquel recién llegado mostrándose cordial ante el pelirrojo, sonriendo. No era de extrañar que los habitantes de la aldea le conocieran, más aún los ninjas de alto rango que diariamente le veían tanto en el campo de entrenamiento como en el despacho del Kazekage. Por la aparente edad del hombre, alrededor de treinta, podía deducir que mínimo sería un Chunnin, aunque por el uniforme podría ser un Jounin. Claro que conocería al Sabaku... El joven no sólo era el hijo de dos shinobis que en su tiempo fueron muy importantes para la villa, sino que también era el torpe Gennin que había dejado en muy mala posición a la gran aldea en aquel torneo ceremonial semanas atrás.

- Buen día - Realizó una reverencia en señal de saludo, como acostumbraba hacer ante todo aquel que se presentaba o saludaba. - No quiero ser grosero, pero ¿qué se le ofrece? -

- Oh, no. Para nada, chico. Vengo a hacerte entrega de esto... - El hombre le mostró un pergamino sellado con el símbolo del Kage, algo que nunca antes había recibido, pero que sí que había notado una que otra vez en el escritorio del líder de la aldea. Recibió el papiro sin problema alguno, pero la curiosidad sería suficientemente alta como para hacerle preguntar. - Gracias, pero ¿podría saber qué es esto? -

El mensajero rió levemente para luego darse vuelta y contestar al Sabaku. - Cuando lo leas, entenderás. Mucho éxito! - Acto seguido, desapareció en cuestión de un paradero.

Tsunayoshi miró el rollo en su mano por unos segundos para decidirse a quitar el sello, desplegar el papiro y leer su contenido. Frunció su entrecejo al entender lo que se le indicaba. Volvió a enrollar el pergamino, guardó el mismo en su abrigo y se dispuso a acudir rumbo al despacho del Kazekage, más específicamente en la recepción del mismo, donde se solicitaba su presencia con motivo de urgencia...

("¿Qué estará sucediendo?...") -

[...]


Llegar no fue problema, su casa quedaba a muy pocas casas del lugar, quizás unos cien metros, o menos... Una vez en el sitio se dispuso a pasar un momento y hablar con Kaoru, la amable, aunque muy atareada, recepcionista del edificio y con ello enterarse mejor de lo que debía hacer, pero le llamó la atención una pequeña escena montada por un joven a quien reconoció luego de detallarle mejor ("Nendo Yugen...") - y uno de los Jounnin a quien reconocía sólo de vista mas nunca había tenido la oportunidad de hablarle ("Y... ¿Quién es el?") - pensó luego al acercarse.

- Permiso, buen día, ¿sucede algo malo? - La mirada sin emoción que usualmente mantenía sería entonces posada primeramente en el explosivo menor de edad para después posarse sobre el pelicastaño rojizo de rostro semicubierto por una tela negra quien de inmediato le regresaría la mirada...

Off Rol:
Aquella mañana el día parecía ser uno como cualquier otro; cálido para muchos pero frío para aquel joven con la peculiar capacidad de controlar el material reinante del suelo del país del Viento. Un día libre que empezaba muy temprano para el Sabaku de rojizos cabellos que, para variar, tomaría no para descansar de su labor diaria como shinobi de la arena, sino para entrenar y mejorar sus habilidades como tanto necesitaba constantemente. Se levantó muy temprano. 5:00 am y sin necesidad de un despertador. Tomó un baño para empezar la mañana con una frescura difícil de sentir salvo en las frías noches tan comunes como los calurosos días en aquel lugar. Miró a su fiel compañera a un lado de su cama y sintió ese único momento de alivio que podía darse el lujo de sentir en las mañanas al darse cuenta de que no estaba del todo solo mientras tuviese su arena consigo en esa calabaza de considerable gran tamaño. Con calma pero sin mucha lentitud se colocó su atuendo usual para así salir de su habitación rumbo a la cocina. Preparó un desayuno sencillo pero bastante nutritivo, eso para tener las suficientes energías que necesitaría, obviamente lo comió luego. Una vez listo físicamente, sólo necesitaba aquel artefacto lleno de su material desértico especial que le acompañaba en su vida diaria sirviéndole como arma, protección y gran amiga; su calabaza llena de arena. Contenedor arenoso a la espalda y se dispuso a salir rumbo a los campos de entrenamiento de la aldea. Serían las 6:00 am aproximadamente para cuando colocaba seguro a su casa y se daba vuelta para partir, aunque su andar se vería detenido por la llegada de un hombre al cual recordaba haber visto en una que otra ocasión pero que desconocía su nombre por la falta de contacto...

- Tsuna, buen día. - Dijo aquel recién llegado mostrándose cordial ante el pelirrojo, sonriendo. No era de extrañar que los habitantes de la aldea le conocieran, más aún los ninjas de alto rango que diariamente le veían tanto en el campo de entrenamiento como en el despacho del Kazekage. Por la aparente edad del hombre, alrededor de treinta, podía deducir que mínimo sería un Chunnin, aunque por el uniforme podría ser un Jounin. Claro que conocería al Sabaku... El joven no sólo era el hijo de dos shinobis que en su tiempo fueron muy importantes para la villa, sino que también era el torpe Gennin que había dejado en muy mala posición a la gran aldea en aquel torneo ceremonial semanas atrás.

- Buen día - Realizó una reverencia en señal de saludo, como acostumbraba hacer ante todo aquel que se presentaba o saludaba. - No quiero ser grosero, pero ¿qué se le ofrece? -

- Oh, no. Para nada, chico. Vengo a hacerte entrega de esto... - El hombre le mostró un pergamino sellado con el símbolo del Kage, algo que nunca antes había recibido, pero que sí que había notado una que otra vez en el escritorio del líder de la aldea. Recibió el papiro sin problema alguno, pero la curiosidad sería suficientemente alta como para hacerle preguntar. - Gracias, pero ¿podría saber qué es esto? -

El mensajero rió levemente para luego darse vuelta y contestar al Sabaku. - Cuando lo leas, entenderás. Mucho éxito! - Acto seguido, desapareció en cuestión de un paradero.

Tsunayoshi miró el rollo en su mano por unos segundos para decidirse a quitar el sello, desplegar el papiro y leer su contenido. Frunció su entrecejo al entender lo que se le indicaba. Volvió a enrollar el pergamino, guardó el mismo en su abrigo y se dispuso a acudir rumbo al despacho del Kazekage, más específicamente en la recepción del mismo, donde se solicitaba su presencia con motivo de urgencia...

("¿Qué estará sucediendo?...") -

[...]


Llegar no fue problema, su casa quedaba a muy pocas casas del lugar, quizás unos cien metros, o menos... Una vez en el sitio se dispuso a pasar un momento y hablar con Kaoru, la amable, aunque muy atareada, recepcionista del edificio y con ello enterarse mejor de lo que debía hacer, pero le llamó la atención una pequeña escena montada por un joven a quien reconoció luego de detallarle mejor ("Nendo Yugen...") - y uno de los Jounnin a quien reconocía sólo de vista mas nunca había tenido la oportunidad de hablarle ("Y... ¿Quién es el?") - pensó luego al acercarse.

- Permiso, buen día, ¿sucede algo malo? - La mirada sin emoción que usualmente mantenía sería entonces posada primeramente en el explosivo menor de edad para después posarse sobre el pelicastaño rojizo de rostro semicubierto por una tela negra quien de inmediato le regresaría la mirada...

Off Rol:

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SP
Edras


«¡Maldita sea!» dijo Edras para sus adentros, golpeando con frustración el tablón de madera que tenía ante él.
Llevaba toda la mañana practicando la técnica que había desarrollado, el Shinkirō, buscando formas de aplicarla al taijutsu. Le estaba resultando complicado sincronizar el espejismo con su movimiento. Activarlo para que el golpe se ejecutase en medio de la técnica o durante el inicio del recorrido del mismo, para reaparecer en el último momento, requería de cierta concentración, y al parecer el Namikaze no estaba teniendo un buen día.

Se tomó un momento para respirar y tranquilizarse, y justo cuando se disponía a volver de nuevo al entrenamiento unas pisadas en la arena llamaron su atención.
Como en ocasiones anteriores, un oficial, Jounin esta vez, se dirigía hacia él con un pergamino sellado.

Namikaze Edras. Una misión para ti —dijo formalmente—, ábrela cuanto antes.

Gracias— dijo el Namikaze mientras el oficial se alejaba.

La orden le emplazaba en la recepción del Kazekage. Habían pasado unas semanas desde la primera vez que el Namikaze vio al  dirigente y ya se encontraba ansioso de demostrar sus capacidades. La misión estaba clasificada como C y especificaba que se realizaría en grupo. Edras se preguntaba quién formaría aquel equipo. Puede que alguno de aquellos dos muchachos que ya conocía, Yugen Nendo, el explosivo shinobi, y Tsunayoshi Sabaku,  el solemne controlador de arena. Solo esperaba no resultar un extraño entre dos shinobis de la capital, si es que le posicionaban con dos desconocidos.

Recogió su equipamiento, afianzó la malla que cubría la mitad inferior de su cara y partió de camino a la Central. Parecía que sería un día largo.

El Namikaze entró en la ciudad de nuevo. Caminaba mientras alrededor se despertaba todo aquello que le daba vida a la capital. Vendedores ambulantes en calles abarrotadas de mercados. Plazas en las que, a viva voz, se hacía saber al pueblo de las nuevas dictadas por el Kazekage.  Callejones ocupados por los más diversos gremios. Alfareros, zapateros, armeros, etc.
Todo se presentaba como de costumbre.

En unos pocos minutos llegó hasta el destacado edificio de la Central. En él, el habitual ajetreo llenaba la recepción. La apática mirada del peliblanco  buscaba entre el gentío alguna cara conocida. En su interior esperaba encontrarse con las dos únicas personas que conocía por entonces en la capital. Nunca había conocido la amistad en aquel poblado escondido a los límites del extremo desierto Infernal, y sentía que realmente había dado con un equilibrio en aquellos dos jóvenes.

Tras un leve instante no tardó en aparecer la rojiza cabellera de Tsuna. Edras se dirigió hacia él y enseguida pudo distinguir el rubio cabello de Yugen. Parecía que había tenido suerte.

Cuando se encontraba a poca distancia pudo ver que un tercero acompañaba al Sabaku y al Nendo. Un Jounin tan alto como él mismo, de aspecto esbelto, rojo cabello trenzado y blanco atuendo. Tras bajar a su cuello el tejido que cubría su cara, Edras se acercó respetuosamente para saludar.

Buenos días, Tsuna, Yugen— dijo formalmente, tras lo cual se dirigió al hombre— Soy Namikaze Edras, encantado.

Haciendo gala de su austeridad verbal Edras se inclinó solemnemente por respeto hacia el superior y permaneció en su posición tras ergirse, esperando poder ahorrarse todo lo relativo al porqué de sus presencias allí. Eran para él evidente los motivos. Una misión grupal, un Jounin coordinador. Solo quedaba esperar por la formal confirmación verbal que tanto hastiaba el Namikaze y que pronto se haría presente con las palabras de alguno de los shinobis señalando lo evidente.


DATOS:


«¡Maldita sea!» dijo Edras para sus adentros, golpeando con frustración el tablón de madera que tenía ante él.
Llevaba toda la mañana practicando la técnica que había desarrollado, el Shinkirō, buscando formas de aplicarla al taijutsu. Le estaba resultando complicado sincronizar el espejismo con su movimiento. Activarlo para que el golpe se ejecutase en medio de la técnica o durante el inicio del recorrido del mismo, para reaparecer en el último momento, requería de cierta concentración, y al parecer el Namikaze no estaba teniendo un buen día.

Se tomó un momento para respirar y tranquilizarse, y justo cuando se disponía a volver de nuevo al entrenamiento unas pisadas en la arena llamaron su atención.
Como en ocasiones anteriores, un oficial, Jounin esta vez, se dirigía hacia él con un pergamino sellado.

Namikaze Edras. Una misión para ti —dijo formalmente—, ábrela cuanto antes.

Gracias— dijo el Namikaze mientras el oficial se alejaba.

La orden le emplazaba en la recepción del Kazekage. Habían pasado unas semanas desde la primera vez que el Namikaze vio al  dirigente y ya se encontraba ansioso de demostrar sus capacidades. La misión estaba clasificada como C y especificaba que se realizaría en grupo. Edras se preguntaba quién formaría aquel equipo. Puede que alguno de aquellos dos muchachos que ya conocía, Yugen Nendo, el explosivo shinobi, y Tsunayoshi Sabaku,  el solemne controlador de arena. Solo esperaba no resultar un extraño entre dos shinobis de la capital, si es que le posicionaban con dos desconocidos.

Recogió su equipamiento, afianzó la malla que cubría la mitad inferior de su cara y partió de camino a la Central. Parecía que sería un día largo.

El Namikaze entró en la ciudad de nuevo. Caminaba mientras alrededor se despertaba todo aquello que le daba vida a la capital. Vendedores ambulantes en calles abarrotadas de mercados. Plazas en las que, a viva voz, se hacía saber al pueblo de las nuevas dictadas por el Kazekage.  Callejones ocupados por los más diversos gremios. Alfareros, zapateros, armeros, etc.
Todo se presentaba como de costumbre.

En unos pocos minutos llegó hasta el destacado edificio de la Central. En él, el habitual ajetreo llenaba la recepción. La apática mirada del peliblanco  buscaba entre el gentío alguna cara conocida. En su interior esperaba encontrarse con las dos únicas personas que conocía por entonces en la capital. Nunca había conocido la amistad en aquel poblado escondido a los límites del extremo desierto Infernal, y sentía que realmente había dado con un equilibrio en aquellos dos jóvenes.

Tras un leve instante no tardó en aparecer la rojiza cabellera de Tsuna. Edras se dirigió hacia él y enseguida pudo distinguir el rubio cabello de Yugen. Parecía que había tenido suerte.

Cuando se encontraba a poca distancia pudo ver que un tercero acompañaba al Sabaku y al Nendo. Un Jounin tan alto como él mismo, de aspecto esbelto, rojo cabello trenzado y blanco atuendo. Tras bajar a su cuello el tejido que cubría su cara, Edras se acercó respetuosamente para saludar.

Buenos días, Tsuna, Yugen— dijo formalmente, tras lo cual se dirigió al hombre— Soy Namikaze Edras, encantado.

Haciendo gala de su austeridad verbal Edras se inclinó solemnemente por respeto hacia el superior y permaneció en su posición tras ergirse, esperando poder ahorrarse todo lo relativo al porqué de sus presencias allí. Eran para él evidente los motivos. Una misión grupal, un Jounin coordinador. Solo quedaba esperar por la formal confirmación verbal que tanto hastiaba el Namikaze y que pronto se haría presente con las palabras de alguno de los shinobis señalando lo evidente.


DATOS:

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Yugen Nendo
Observaría fijamente entonces al hombre que portaba aquella tela sobre su boca, su semblante de tranquilidad era mas que suficiente para hacerme irritar, quería arrancarle esa tela y poder ver sus dientes...solo que, tumbados por mi golpe, había tenido la osadía de llamarme “El Explosivo” aunque que podía decir tenía cierta razón. Antes de que pudiera realizar alguna otra pregunta, pude escuchar como la voz de la chica que estaba en la zona de la recepción parecía interactuar con alguien más... ¿Era uno de mis compañeros? Solo tuve que esperar menos de 5 segundos para ver la calabaza y la cabellera roja que tanto caracterizaban a ese individuo...Sabaku Tsunayoshi.

- ¡No puede ser cierto! ¿! ¡¿En serio me harán armar equipo con este tipo?! Es un niño bueno que solo sabe seguir las reglas al pie de la letra, es aburrido...-

Describiría así el comportamiento de Tsuna basado en nuestra ultima colaboración, todo esto con un tono de voz muy fuerte, mismo tono que lograría llamar la atención de todos los presentes, sin haberme percatado había vuelvo al pequeño grupo en el centro de atención del Despacho, las personas se quedaron observando durante menos de un minuto para luego continuar con sus recorridos y labores diarias.

-Haz silencio...Yugen...-

Indicaría aquel hombre de cabello amarrado que ahora ejercía como nuestro Sensei y por ende debía acatar sus ordenes sin reprochar y sin objeciones. Me cruce de brazos mientras observaba a Tsuna, solo movería mi cabeza hacia arriba para saludar y darme media vuelta para mirar a las demás personas que pasaban por la misma habitación.

-No sucede nada Tsunayoshi, es un placer conocerte mi nombre es Sesshomaru Senju, solo platicaba con Yugen un poco...-

Era fácil sentir la gran presencia que este Jounnin infundía en las demás personas a pesar de tener un tono de voz cálido y amable, era evidente la disciplina que buscaba introducir tanto en su vida como en la de los demás.

-Bien ha llegado el ultimo, un placer Edras...-

Correspondería entonces a la reverencia del rubio con el mismo gesto, solo que con un poco menos de prolongación, hecho esto pasaría en frente de la habitación donde había 3 sillas, con un ademán indicaría que tomáramos asiento mientras el cruzaba ambas manos por detrás de la espalda mientras observaba muy detenidamente el cuerpo de cada uno de los presentes. Yo por mi parte me adelantaría, repitiendo el mismo gesto que utilice con el Sabaku solamente que ahora con Edras, quien había conocido durante un entrenamiento improvisado en los campos de entrenamiento, valga la redundancia. Finalmente tomaría asiento y escucharía atentamente al nuevo Líder del Equipo...

-Bienvenidos...Gennin; mi nombre es Senju Sesshomaru para quienes no lo tengan claro, de hoy en adelante seré parte del Equipo que he decidido apodar como Suna no Doragon...No se aceptan sugerencias ni cambios por ahora, así que saltémonos el protocolo. Hoy tendremos que llevar acabo una misión de Rango C. Estas misiones presentan cierta dificultad y por ende son realizadas por varios integrantes, son 3 miembros los que realizaran esta misión en este caso Uds. Yo por mi parte no haré más que darles apoyo e instrucciones desde la retaguardia, no intervendré, ya que deseo observar como se desarrollan en combate y muy importante...” Trabajo en Equipo”.-

El Jounnin finalizada la charla de inducción que nos había dado, pasaría por la puerta que recientemente los 3 habíamos utilizado, misma que daría con la salida del Despacho. Levantaría su mano izquierda y con sus cincos dedos acompañado de una pequeña frase, indicaría que solo teníamos 5 minutos para platicar y prepararnos.

-Esto no puede ser peor...-

Dije en voz alta sin importar que mis compañeros escucharan, me levanté de la silla y sin siquiera prestar atención a los otros dos integrantes que si siguieron las instrucciones deberían estar un costado de mí, uno alado del otro. Saldría entonces por la misma puerta que el Maestro Sesshomaru, colocándome nuevamente mi capucha antes de salir a la intemperie, esperaría entonces reposando en la pared que funcionaba como entrada del Despacho a que mis compañeros estuvieran listos para partir.
Observaría fijamente entonces al hombre que portaba aquella tela sobre su boca, su semblante de tranquilidad era mas que suficiente para hacerme irritar, quería arrancarle esa tela y poder ver sus dientes...solo que, tumbados por mi golpe, había tenido la osadía de llamarme “El Explosivo” aunque que podía decir tenía cierta razón. Antes de que pudiera realizar alguna otra pregunta, pude escuchar como la voz de la chica que estaba en la zona de la recepción parecía interactuar con alguien más... ¿Era uno de mis compañeros? Solo tuve que esperar menos de 5 segundos para ver la calabaza y la cabellera roja que tanto caracterizaban a ese individuo...Sabaku Tsunayoshi.

- ¡No puede ser cierto! ¿! ¡¿En serio me harán armar equipo con este tipo?! Es un niño bueno que solo sabe seguir las reglas al pie de la letra, es aburrido...-

Describiría así el comportamiento de Tsuna basado en nuestra ultima colaboración, todo esto con un tono de voz muy fuerte, mismo tono que lograría llamar la atención de todos los presentes, sin haberme percatado había vuelvo al pequeño grupo en el centro de atención del Despacho, las personas se quedaron observando durante menos de un minuto para luego continuar con sus recorridos y labores diarias.

-Haz silencio...Yugen...-

Indicaría aquel hombre de cabello amarrado que ahora ejercía como nuestro Sensei y por ende debía acatar sus ordenes sin reprochar y sin objeciones. Me cruce de brazos mientras observaba a Tsuna, solo movería mi cabeza hacia arriba para saludar y darme media vuelta para mirar a las demás personas que pasaban por la misma habitación.

-No sucede nada Tsunayoshi, es un placer conocerte mi nombre es Sesshomaru Senju, solo platicaba con Yugen un poco...-

Era fácil sentir la gran presencia que este Jounnin infundía en las demás personas a pesar de tener un tono de voz cálido y amable, era evidente la disciplina que buscaba introducir tanto en su vida como en la de los demás.

-Bien ha llegado el ultimo, un placer Edras...-

Correspondería entonces a la reverencia del rubio con el mismo gesto, solo que con un poco menos de prolongación, hecho esto pasaría en frente de la habitación donde había 3 sillas, con un ademán indicaría que tomáramos asiento mientras el cruzaba ambas manos por detrás de la espalda mientras observaba muy detenidamente el cuerpo de cada uno de los presentes. Yo por mi parte me adelantaría, repitiendo el mismo gesto que utilice con el Sabaku solamente que ahora con Edras, quien había conocido durante un entrenamiento improvisado en los campos de entrenamiento, valga la redundancia. Finalmente tomaría asiento y escucharía atentamente al nuevo Líder del Equipo...

-Bienvenidos...Gennin; mi nombre es Senju Sesshomaru para quienes no lo tengan claro, de hoy en adelante seré parte del Equipo que he decidido apodar como Suna no Doragon...No se aceptan sugerencias ni cambios por ahora, así que saltémonos el protocolo. Hoy tendremos que llevar acabo una misión de Rango C. Estas misiones presentan cierta dificultad y por ende son realizadas por varios integrantes, son 3 miembros los que realizaran esta misión en este caso Uds. Yo por mi parte no haré más que darles apoyo e instrucciones desde la retaguardia, no intervendré, ya que deseo observar como se desarrollan en combate y muy importante...” Trabajo en Equipo”.-

El Jounnin finalizada la charla de inducción que nos había dado, pasaría por la puerta que recientemente los 3 habíamos utilizado, misma que daría con la salida del Despacho. Levantaría su mano izquierda y con sus cincos dedos acompañado de una pequeña frase, indicaría que solo teníamos 5 minutos para platicar y prepararnos.

-Esto no puede ser peor...-

Dije en voz alta sin importar que mis compañeros escucharan, me levanté de la silla y sin siquiera prestar atención a los otros dos integrantes que si siguieron las instrucciones deberían estar un costado de mí, uno alado del otro. Saldría entonces por la misma puerta que el Maestro Sesshomaru, colocándome nuevamente mi capucha antes de salir a la intemperie, esperaría entonces reposando en la pared que funcionaba como entrada del Despacho a que mis compañeros estuvieran listos para partir.

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Sabaku Tsunayoshi
"Aburrido", así le veía aquel joven. Probablemente sería así a los ojos de muchas personas. Nada nuevo ante él, la misma actitud reacia a una relación de compañerismo hacia su persona. Prefirió ignorar eso pues tomarlo a pecho sería insignificante para esas alturas, ya bastante había vivido eso durante su estadía en la academia y al salir de ésta. Fijo su mirada en el hombre de oscura cabellera rojiza atada en una trenza que, se notaba, llegaba más abajo de su cintura. Los orbes carmesí del de blanco atuendo se cruzaron con los de turquesa suave del Sabaku. Quizás había sido cosa suya, un simple delirio del momento, pero sintió un aura de familiaridad en aquel hombre. Algo le decía que esa mirada, tranquila y despreocupada, ocultaba en realidad un dolor que podría ser hasta más fuerte que el suyo incluso. Prefirió ignorar ese pensamiento también al notar las miradas de varios de los presentes a su alrededor posadas sobre él y sobre sus acompañantes...

El mayor calló al impaciente peliblanco y procedió a responder la pregunta del pelirrojo de baja estatura. Tsunayoshi le detalló mejor de pies a cabeza. No le extrañó nada el hecho de que el castaño rojizo le llamara por su nombre ya que de seguro era alguien de peso en lo que a asuntos shinobis se tratasen en la aldea, y por ende debía de conocerle, aparte del ya mencionado papelón que había hecho el Sabaku en la ceremonia de aldeas semanas pasadas que lo había vuelto "famoso". El tono de voz del mayor sonaba lo suficientemente tranquilizador como para que el pelirrojo desistiera de cualquier otra pregunta que se le pudiera ocurrir realizar.

No pasó nada para que la presencia de un tercero hiciera aparición allí. Ese hombre, presentado ante él como Senju Sesshomaru, le daba la bienvenida a un joven que reconoció al verle, pues anteriormente ya había tenido la oportunidad de trabajar con él en una misión antes de su participación en el desastroso torneo ceremonial. - Namikaze Edras... - Susurró para sí mismo.

Luego de que tanto el Senju como el Namikaze se presentasen, el primero les indicó al trío de jóvenes que avanzaran junto con él hacia una habitación cercana donde pediría que tomasen asiento. Las indicaciones del de mirada carmesí no harían más que causar una y mil interrogantes en los pensamientos del arenero. ¿Un equipo? Un equipo de tres Gennin y un Jounnin. ¿En verdad le habían escogido a él para tal paso en la vida shinobi no sólo suya sino también de sus compatriotas Gennin? Aquello no se lo podía explicar. El formar un equipo era la cúspide de responsabilidad que se le podía otorgar a un ninja de bajo rango, eso por la garantía de protección que debían de darse los unos a los otros como unidad. Una responsabilidad que se repartía entre los tres integrantes y un maestro capacitado. En verdad no se creía llegar a tanto, pero allí estaba, ya era parte del "Suna no Doragon" como había dicho el Senju. Un nombre un tanto cuestionable pero ¿qué más iba a hacer? si el mismo que se presentaba ante ellos como Sensei indicaba la nula posibilidad de cambiar el apodo.

Una misión de importancia leve se presentaba ante él debido a las palabras de su nuevo maestro, la actividad del equipo empezaría de inmediato y no tenía tiempo para asimilar todo siquiera pues Sesshomaru abandonaba la habitación dejándoles cinco minutos para conversar y procesar la información. Nuevamente el impaciente y explosivo albino hacía gala de su personalidad volátil para salir de allí bastante frustrado. El sereno controlador de arena sentado en una de las tres sillas presentes con su calabaza a un lado miraría entonces al Namikaze para dedicarle unas palabras, de saludo e interrogación.

- Buenos días, Edras. ¿Qué opinas de esto? -

— — — — — — — — — — — — — — —
Off Rol:
"Aburrido", así le veía aquel joven. Probablemente sería así a los ojos de muchas personas. Nada nuevo ante él, la misma actitud reacia a una relación de compañerismo hacia su persona. Prefirió ignorar eso pues tomarlo a pecho sería insignificante para esas alturas, ya bastante había vivido eso durante su estadía en la academia y al salir de ésta. Fijo su mirada en el hombre de oscura cabellera rojiza atada en una trenza que, se notaba, llegaba más abajo de su cintura. Los orbes carmesí del de blanco atuendo se cruzaron con los de turquesa suave del Sabaku. Quizás había sido cosa suya, un simple delirio del momento, pero sintió un aura de familiaridad en aquel hombre. Algo le decía que esa mirada, tranquila y despreocupada, ocultaba en realidad un dolor que podría ser hasta más fuerte que el suyo incluso. Prefirió ignorar ese pensamiento también al notar las miradas de varios de los presentes a su alrededor posadas sobre él y sobre sus acompañantes...

El mayor calló al impaciente peliblanco y procedió a responder la pregunta del pelirrojo de baja estatura. Tsunayoshi le detalló mejor de pies a cabeza. No le extrañó nada el hecho de que el castaño rojizo le llamara por su nombre ya que de seguro era alguien de peso en lo que a asuntos shinobis se tratasen en la aldea, y por ende debía de conocerle, aparte del ya mencionado papelón que había hecho el Sabaku en la ceremonia de aldeas semanas pasadas que lo había vuelto "famoso". El tono de voz del mayor sonaba lo suficientemente tranquilizador como para que el pelirrojo desistiera de cualquier otra pregunta que se le pudiera ocurrir realizar.

No pasó nada para que la presencia de un tercero hiciera aparición allí. Ese hombre, presentado ante él como Senju Sesshomaru, le daba la bienvenida a un joven que reconoció al verle, pues anteriormente ya había tenido la oportunidad de trabajar con él en una misión antes de su participación en el desastroso torneo ceremonial. - Namikaze Edras... - Susurró para sí mismo.

Luego de que tanto el Senju como el Namikaze se presentasen, el primero les indicó al trío de jóvenes que avanzaran junto con él hacia una habitación cercana donde pediría que tomasen asiento. Las indicaciones del de mirada carmesí no harían más que causar una y mil interrogantes en los pensamientos del arenero. ¿Un equipo? Un equipo de tres Gennin y un Jounnin. ¿En verdad le habían escogido a él para tal paso en la vida shinobi no sólo suya sino también de sus compatriotas Gennin? Aquello no se lo podía explicar. El formar un equipo era la cúspide de responsabilidad que se le podía otorgar a un ninja de bajo rango, eso por la garantía de protección que debían de darse los unos a los otros como unidad. Una responsabilidad que se repartía entre los tres integrantes y un maestro capacitado. En verdad no se creía llegar a tanto, pero allí estaba, ya era parte del "Suna no Doragon" como había dicho el Senju. Un nombre un tanto cuestionable pero ¿qué más iba a hacer? si el mismo que se presentaba ante ellos como Sensei indicaba la nula posibilidad de cambiar el apodo.

Una misión de importancia leve se presentaba ante él debido a las palabras de su nuevo maestro, la actividad del equipo empezaría de inmediato y no tenía tiempo para asimilar todo siquiera pues Sesshomaru abandonaba la habitación dejándoles cinco minutos para conversar y procesar la información. Nuevamente el impaciente y explosivo albino hacía gala de su personalidad volátil para salir de allí bastante frustrado. El sereno controlador de arena sentado en una de las tres sillas presentes con su calabaza a un lado miraría entonces al Namikaze para dedicarle unas palabras, de saludo e interrogación.

- Buenos días, Edras. ¿Qué opinas de esto? -

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Edras



La situación no podría ser más irritante para Edras. La algarabía causada por el joven Yugen resultaba tremendamente estridente para el Namikaze. No había duda alguna de que su carácter acompañaba sus habilidades como las cenizas al fuego, y atraían la atención de los presentes con la misma preocupación.

Una vez todos reunidos, el Jounin nos guió hasta una discreta sala donde poder hablar sobre la misión que se nos había asignado. Nendo Yugen no paraba de farfullar, pero pronto el hombre lo tranquilizó con una voz que no daba lugar a réplica, justo a tiempo antes de que colmara mi paciencia.

Tal y como imaginó, se sucedieron las preguntas y explicaciones pertinentes, por lo que Edras no pudo evitar, en varias ocasiones, alzar su mirada hacia el techo mientras cogía aire con intensidad y golpeaba repetidas veces el suelo con la punta de uno de sus pies. Odiaba las explicaciones.
Por suerte y para su sorpresa, el que de ahora en adelante sería su sensei resultó ser bastante directo en su exposición. No pudo evitar mencionar lo evidente, la dificultad subyacente en las misiones de rango C y la razón por la que nos habían reunido allí, formar un equipo. Pese a ello el resto de su intervención resultó soportable para el apremiante Namikaze.

Toda la información relevante que Edras extraería de aquello era el ridículo nombre de equipo que les habían asignado, y el nombre en sí del sensei, Senju Sesshomaru. Éste abandonó la sala tras su intervención dejándonos un tiempo para conocernos, algo que al Nendo no pareció interesarle especialmente. Nuevamente, farfullando, abandonó la sala, saliendo a continuación fuera del edificio, tal y como había hecho el sensei.

Namikaze Edras llevó su mano derecha a su cara y a continuación se meció el cabello mientras pensaba  « ¡Qué pereza! Esto no va a salir bien. Había llegado a creer, en nuestro combate, que podría existir una simbiosis entre nuestras diferentes formas de lucha y personalidades, pero este chico... solo espero que a la hora de la verdad se desenvuelva tan bien como lo hizo en nuestra pelea, o yo mismo le cerraré la boca ».

Absorto en su reflexión el Namikaze no se percató de que el Sabaku lo miraba fijamente. Sus miradas se cruzaron justo cuando Edras baja el brazo de su cabeza y el pelirrojó habló.

“—¿Qué opinas de esto?—“ dijo con su equidistancia entre la calma y la seriedad.

Edras suspiró profundamente.

Opino que esto va a ser tedioso—dijo mientras se levantaba del asiento bufando con evidente desgana— ¿Vamos?

El peliblanco se ajustó la tela sobre el rostro, metió sus manos en los bolsillos y salió hacia el exterior imaginando el día que les esperaba. Los parpado sutilmente caídos sobre el iris, el pelo suelto ondeante en el cálido viento de la Arena. No parecía que nada fuese a cambiar durante aquella misión. Pero Edras ignoraba por completo el devenir de las horas siguientes. Aquel día el martillo que forjaría su destino caería una última vez, con más fuerza que nunca.





DATOS:



La situación no podría ser más irritante para Edras. La algarabía causada por el joven Yugen resultaba tremendamente estridente para el Namikaze. No había duda alguna de que su carácter acompañaba sus habilidades como las cenizas al fuego, y atraían la atención de los presentes con la misma preocupación.

Una vez todos reunidos, el Jounin nos guió hasta una discreta sala donde poder hablar sobre la misión que se nos había asignado. Nendo Yugen no paraba de farfullar, pero pronto el hombre lo tranquilizó con una voz que no daba lugar a réplica, justo a tiempo antes de que colmara mi paciencia.

Tal y como imaginó, se sucedieron las preguntas y explicaciones pertinentes, por lo que Edras no pudo evitar, en varias ocasiones, alzar su mirada hacia el techo mientras cogía aire con intensidad y golpeaba repetidas veces el suelo con la punta de uno de sus pies. Odiaba las explicaciones.
Por suerte y para su sorpresa, el que de ahora en adelante sería su sensei resultó ser bastante directo en su exposición. No pudo evitar mencionar lo evidente, la dificultad subyacente en las misiones de rango C y la razón por la que nos habían reunido allí, formar un equipo. Pese a ello el resto de su intervención resultó soportable para el apremiante Namikaze.

Toda la información relevante que Edras extraería de aquello era el ridículo nombre de equipo que les habían asignado, y el nombre en sí del sensei, Senju Sesshomaru. Éste abandonó la sala tras su intervención dejándonos un tiempo para conocernos, algo que al Nendo no pareció interesarle especialmente. Nuevamente, farfullando, abandonó la sala, saliendo a continuación fuera del edificio, tal y como había hecho el sensei.

Namikaze Edras llevó su mano derecha a su cara y a continuación se meció el cabello mientras pensaba  « ¡Qué pereza! Esto no va a salir bien. Había llegado a creer, en nuestro combate, que podría existir una simbiosis entre nuestras diferentes formas de lucha y personalidades, pero este chico... solo espero que a la hora de la verdad se desenvuelva tan bien como lo hizo en nuestra pelea, o yo mismo le cerraré la boca ».

Absorto en su reflexión el Namikaze no se percató de que el Sabaku lo miraba fijamente. Sus miradas se cruzaron justo cuando Edras baja el brazo de su cabeza y el pelirrojó habló.

“—¿Qué opinas de esto?—“ dijo con su equidistancia entre la calma y la seriedad.

Edras suspiró profundamente.

Opino que esto va a ser tedioso—dijo mientras se levantaba del asiento bufando con evidente desgana— ¿Vamos?

El peliblanco se ajustó la tela sobre el rostro, metió sus manos en los bolsillos y salió hacia el exterior imaginando el día que les esperaba. Los parpado sutilmente caídos sobre el iris, el pelo suelto ondeante en el cálido viento de la Arena. No parecía que nada fuese a cambiar durante aquella misión. Pero Edras ignoraba por completo el devenir de las horas siguientes. Aquel día el martillo que forjaría su destino caería una última vez, con más fuerza que nunca.





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Última edición por Edras el Lun Sep 23, 2019 2:55 pm, editado 1 vez

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Yugen Nendo
¿Enojado? ¿Desacuerdo? Un sinfín de sensaciones que podría enlistar, me tomaría más de una hora para hacerlo. No estaba en apoyo de esta moción de formar un equipo de Gennin, mucho menos con los integrantes. Tenían cualidades extraordinarias no lo iba a negar, pero independientemente de eso no era muy fanático del “Trabajo en Equipo”. Era consciente de que sería necesaria alguna vez, pero nunca podre digerirlo tan fácil como debería ser...

-Maldición...tantas personas en esta maldita Aldea y debo unirme a estos dos...-

Murmure aun reposando sobre la pared de la entrada del despacho del Kage. No había una sola alma en los alrededores, al menos no en algunos metros a la redonda. Mi capucha reposaba sobre mi cabeza, dejando caer mi cabello sobre mi rostro, resoplaba para intentar moverlo sin utilizar mis manos mientras esperaba al dúo fantástico...se estaban tomando su tiempo, aunque el máximo no había sido superado.

Sesshomaru, quien ahora debía reconocer como Sensei, había desaparecido por completo, no tenía la más mínima idea de a donde había ido. Sin sumarle mas importancia a esto di unos cuantos pasos al frente despegándome de la pared del Despacho...suspire fuertemente mientras observaba el cielo. Llevaría entonces ambas manos al interior de mi abrigo, lentamente deslizaría el cierre y podría observar la mascara de mi familia. Una mascara de tonalidades marrones y rojas. Hecha de una aleación plástica de larga duración, muy similar a un acrílico.

“¿Las heridas del pasado...persiguen el presente y se renuevan en el futuro...?” Pensé. Mi cabeza quería explotar de cierta manera, estaba sumido totalmente en mis pensamientos. -Debes calmarte Yugen...es parte de la vida que elegiste al formarte como Shinobi, no es hora de verte débil e inestable frente a los demás...solo mantente callado y todo estará bien. -

Aquella voz tan tranquilizadora, pondría mis pies sobre la tierra nuevamente o mas bien sobre la arena caliente de la Aldea. Voltearía rápidamente para observar la procedencia de esta voz. Parado a pocos metros de mí, aquel Jounnin que ahora portaba el cargo de “Sensei” del grupo de “Suna no Doragon” un nombre muy patético, pero no podía hacer nada para remediarlo. Cerraría entonces nuevamente el cierre que daba con aquel bolsillo secreto en donde guardaba la mascara.

- ¿Qué sabe usted de mí? No pienso aceptar consejos de un desconocido...-

Aquella replica buscaba ofender al hombre de cabello amarrado, perteneciente al Clan Senju. Levanto una de sus cejas al escuchar mi respuesta, suspiro ligeramente y se cruzo de brazos ante mí.

-Podre ser un desconocido, pero no por ello debes asumir que no he experimentado el dolor...Eres joven, tienes mucho por delante aún. Debes manejar tu actitud, no llegaras muy lejos si sigues siendo de esa manera. Nadie te obligar a relacionarte, pero no por eso tienes el derecho de buscar minimizar a los demás con adjetivos...como por ejemplo Tsuna. Ese chico participo en un torneo, donde saboreo la victoria, pero finalmente acabo derrotado, en su espalda lleva el peso de esa calabaza que de seguro trae un buen trasfondo sentimental...además de la vergüenza de no poder representar a su Aldea como es debido... Ahora dime... ¿Crees tu que estas en el derecho de hacer este tipo de shows? -

Las palabras del Sensei, impactarían fuertemente contra mi orgullo...me estaba tratando como un maldito niño, tenía 17 no 10 ni 6 años. Cerré fuertemente mis puños, las ganas de golpearlo eran inmensas, pero no haría más que acercarme nuevamente a aquella pared y darle un golpe con los nudillos...

En mi descuido causaría una leve grieta con aquel puño, creo que el perder el control emocional afecto de alguna manera la concentración continua que llevaba de mi chakra alrededor de mi cuerpo para poder potenciar mi fuerza...una técnica en la cual había estado trabajando, pero aun era muy inestable, por lo cual intentaba dominarla poco a poco...

-Es hora de irnos...Edras, Tsuna, Yugen...-

El Sensei no haría más que negar con la cabeza mientras cubría parte de su rostro con sus dedos, parece que no era lo que esperaba, pero de cierta forma estaba satisfecho. Observaría entonces a mis otros dos compañeros acudir al punto de reunión estos parecían haber estado platicando antes, pues salieron a la par del Despacho.

-No más demoras ni recesos, hora de que empecemos...El día de hoy tenemos una misión C bastante peculiar entre manos. Un grupo de bandidos ha estado causando estragos en la zona del mercado de frutos secos, como sabrán esta aldea no goza de tierras para el cultivo, así que sufrir un robo en los productos importados es un golpe muy fuerte para la economía del País. -

Acomodo un poco su cabello mientras señalaba en la dirección que debíamos avanzar, no sin antes asegurarse de que nadie más pudiera escuchar la información o haya escuchado la información.

-El problema esta en que los indicios o rastros de estos bandidos son totalmente nulos, atacan Zonas como ya menciono el mercado, zonas de correos y zonas de exportación / importación de productos. Nuestro deber será acercarnos con sigilo, vigilar, estudiar e intentar crear una contramedida...-

Mantuvo su brazo extendido en todo momento para dejar claro las zonas a las que debíamos visitar antes de poder procesar una contramedida para reducir a aquellos delincuentes, levantaría entonces el mismo brazo ahora apuntando hacia el cielo, con su mano contraria realizaría un sello a medida que descendía la mano superior hasta juntarse.

- ¡Equipo 3! ¡Movilícense! -

Una pose muy peculiar en el arte ninja sin duda, su cuerpo se esfumaría así en una pequeña cortina de humo y gajos negros, casi imperceptible para mis ojos, era como si se hubiese esfumado sin más. Sin la presencia del Sensei, quedábamos solamente los tres integrantes, una fuerte brisa cálida acariciaba los lares, los ropajes de los 3 quienes ahora éramos compañeros, eran agitados con fuerza por aquella brisa...el silencio se cernió sobre la escena...

-Soy el médico iré detrás de ustedes, sugiero que Tsunayoshi vaya en frente debido a sus capacidades defensivas, Edras podrías ir en medio de ambos o un poco mas al costado. Yo vigilare la retaguardia...-

Obligado, tendría que intentar romper el silencio que se había creado en cuestión de segundos, quizás mi actitud podía ser algo difícil de manejar, pero la convicción de mis habilidades sin duda era fuerte...
¿Enojado? ¿Desacuerdo? Un sinfín de sensaciones que podría enlistar, me tomaría más de una hora para hacerlo. No estaba en apoyo de esta moción de formar un equipo de Gennin, mucho menos con los integrantes. Tenían cualidades extraordinarias no lo iba a negar, pero independientemente de eso no era muy fanático del “Trabajo en Equipo”. Era consciente de que sería necesaria alguna vez, pero nunca podre digerirlo tan fácil como debería ser...

-Maldición...tantas personas en esta maldita Aldea y debo unirme a estos dos...-

Murmure aun reposando sobre la pared de la entrada del despacho del Kage. No había una sola alma en los alrededores, al menos no en algunos metros a la redonda. Mi capucha reposaba sobre mi cabeza, dejando caer mi cabello sobre mi rostro, resoplaba para intentar moverlo sin utilizar mis manos mientras esperaba al dúo fantástico...se estaban tomando su tiempo, aunque el máximo no había sido superado.

Sesshomaru, quien ahora debía reconocer como Sensei, había desaparecido por completo, no tenía la más mínima idea de a donde había ido. Sin sumarle mas importancia a esto di unos cuantos pasos al frente despegándome de la pared del Despacho...suspire fuertemente mientras observaba el cielo. Llevaría entonces ambas manos al interior de mi abrigo, lentamente deslizaría el cierre y podría observar la mascara de mi familia. Una mascara de tonalidades marrones y rojas. Hecha de una aleación plástica de larga duración, muy similar a un acrílico.

“¿Las heridas del pasado...persiguen el presente y se renuevan en el futuro...?” Pensé. Mi cabeza quería explotar de cierta manera, estaba sumido totalmente en mis pensamientos. -Debes calmarte Yugen...es parte de la vida que elegiste al formarte como Shinobi, no es hora de verte débil e inestable frente a los demás...solo mantente callado y todo estará bien. -

Aquella voz tan tranquilizadora, pondría mis pies sobre la tierra nuevamente o mas bien sobre la arena caliente de la Aldea. Voltearía rápidamente para observar la procedencia de esta voz. Parado a pocos metros de mí, aquel Jounnin que ahora portaba el cargo de “Sensei” del grupo de “Suna no Doragon” un nombre muy patético, pero no podía hacer nada para remediarlo. Cerraría entonces nuevamente el cierre que daba con aquel bolsillo secreto en donde guardaba la mascara.

- ¿Qué sabe usted de mí? No pienso aceptar consejos de un desconocido...-

Aquella replica buscaba ofender al hombre de cabello amarrado, perteneciente al Clan Senju. Levanto una de sus cejas al escuchar mi respuesta, suspiro ligeramente y se cruzo de brazos ante mí.

-Podre ser un desconocido, pero no por ello debes asumir que no he experimentado el dolor...Eres joven, tienes mucho por delante aún. Debes manejar tu actitud, no llegaras muy lejos si sigues siendo de esa manera. Nadie te obligar a relacionarte, pero no por eso tienes el derecho de buscar minimizar a los demás con adjetivos...como por ejemplo Tsuna. Ese chico participo en un torneo, donde saboreo la victoria, pero finalmente acabo derrotado, en su espalda lleva el peso de esa calabaza que de seguro trae un buen trasfondo sentimental...además de la vergüenza de no poder representar a su Aldea como es debido... Ahora dime... ¿Crees tu que estas en el derecho de hacer este tipo de shows? -

Las palabras del Sensei, impactarían fuertemente contra mi orgullo...me estaba tratando como un maldito niño, tenía 17 no 10 ni 6 años. Cerré fuertemente mis puños, las ganas de golpearlo eran inmensas, pero no haría más que acercarme nuevamente a aquella pared y darle un golpe con los nudillos...

En mi descuido causaría una leve grieta con aquel puño, creo que el perder el control emocional afecto de alguna manera la concentración continua que llevaba de mi chakra alrededor de mi cuerpo para poder potenciar mi fuerza...una técnica en la cual había estado trabajando, pero aun era muy inestable, por lo cual intentaba dominarla poco a poco...

-Es hora de irnos...Edras, Tsuna, Yugen...-

El Sensei no haría más que negar con la cabeza mientras cubría parte de su rostro con sus dedos, parece que no era lo que esperaba, pero de cierta forma estaba satisfecho. Observaría entonces a mis otros dos compañeros acudir al punto de reunión estos parecían haber estado platicando antes, pues salieron a la par del Despacho.

-No más demoras ni recesos, hora de que empecemos...El día de hoy tenemos una misión C bastante peculiar entre manos. Un grupo de bandidos ha estado causando estragos en la zona del mercado de frutos secos, como sabrán esta aldea no goza de tierras para el cultivo, así que sufrir un robo en los productos importados es un golpe muy fuerte para la economía del País. -

Acomodo un poco su cabello mientras señalaba en la dirección que debíamos avanzar, no sin antes asegurarse de que nadie más pudiera escuchar la información o haya escuchado la información.

-El problema esta en que los indicios o rastros de estos bandidos son totalmente nulos, atacan Zonas como ya menciono el mercado, zonas de correos y zonas de exportación / importación de productos. Nuestro deber será acercarnos con sigilo, vigilar, estudiar e intentar crear una contramedida...-

Mantuvo su brazo extendido en todo momento para dejar claro las zonas a las que debíamos visitar antes de poder procesar una contramedida para reducir a aquellos delincuentes, levantaría entonces el mismo brazo ahora apuntando hacia el cielo, con su mano contraria realizaría un sello a medida que descendía la mano superior hasta juntarse.

- ¡Equipo 3! ¡Movilícense! -

Una pose muy peculiar en el arte ninja sin duda, su cuerpo se esfumaría así en una pequeña cortina de humo y gajos negros, casi imperceptible para mis ojos, era como si se hubiese esfumado sin más. Sin la presencia del Sensei, quedábamos solamente los tres integrantes, una fuerte brisa cálida acariciaba los lares, los ropajes de los 3 quienes ahora éramos compañeros, eran agitados con fuerza por aquella brisa...el silencio se cernió sobre la escena...

-Soy el médico iré detrás de ustedes, sugiero que Tsunayoshi vaya en frente debido a sus capacidades defensivas, Edras podrías ir en medio de ambos o un poco mas al costado. Yo vigilare la retaguardia...-

Obligado, tendría que intentar romper el silencio que se había creado en cuestión de segundos, quizás mi actitud podía ser algo difícil de manejar, pero la convicción de mis habilidades sin duda era fuerte...

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Sabaku Tsunayoshi
La respuesta del Namikaze solamente le confirmaba lo obvio ante la desconcertante situación generada por el simple hecho de haberse anunciado el nuevo equipo. Le miró levantarse y procedió entonces a hacer lo mismo. Nada iba a ganar quedándose allí a pensar en todas esas preguntas que por ahora no tenían respuesta. Avanzó entonces fuera de la habitación tras el muchacho del estilo de combate silente para así reunirse con su Sensei y su segundo y volátil compañero. Un golpe seco sería entonces escuchado por los oídos del que tenía la peculiar habilidad de controlar los secos granos minerales del suelo desértico. Miraría entonces hacia el sitio y fijaría brevemente su vista en el médico artesano de arcilla explosiva quien después de retirar su puño de la pared cercana parecía más "tranquilo" de lo que había estado anteriormente. ¿Una descarga de frustración? Cada momento que pasaba frente al Nendo conocía una parte muy negativa del mismo...

Llegó, al parecer, justo en el momento necesario para que el Jounnin encargado del nuevo equipo del cual formaba parte diera inicio a la labor que debían de cumplir ese día, informase mejor sobre la situación y dictara las pautas a seguir para el cumplimiento del encargo de ligera pero notable importancia.

Una parte vital de la economía del país estaba en riesgo. El mercado de frutos secos había sufrido ataques por parte de desconocidos malvivientes quienes al parecer no tomaban en cuenta el daño que le generaban no sólo a la gente del sitio sino a la aldea en general. Zona de comercio al exterior, zonas de correo también. Parecían saber lo que hacían. ¿Acaso deseaban controlar esa parte de la aldea? Quizás no eran simples novatos con quienes tratarían esa vez. Llevaría sus manos a uno de los bolsillos de su abrigo y tomaría los mismos guantes de cuero negro que le habían acompañado en su decepcionante derrota allá en el País del Hierro, cubriría con los mismos sus manos para así decidirse a tomar acciones inmediatas. Las zonas de investigación ya estaban establecidas por el sensei, lo que harían a partir de allí dependería del buen desarrollo de un improvisado trabajo en equipo hecho por quienes trabajarían todos juntos por primera vez y no en dúo como anteriormente había tenido la oportunidad de hacer el arenero.

La sugerencia del Nendo no sería obviada por la atención del Sabaku una vez que el líder del grupo se había marchado en un abrir y cerrar de ojos. Una fresca brisa haría bailar su alborotada cabellera rojiza y parte de su ropaje antes de que la voz del moldeador de arcilla rompiese el silencio. - Realmente no necesitamos una formación aún. La sugerencia está bien planteada y la apoyaré sin dudas durante un combate, pero por ahora será mejor mantener un perfil bajo y tratar de pasar como simples ciudadanos más que pasean por la zona - Juntaría sus manos formando tres sellos básicos, Inu (perro), i, (jabalí), Hitsuji (carnero), en una secuencia que muy probablemente el duo cercano conocería bastante bien. - Henge no jutsu - Una breve nube de humo cubriría el cuerpo del portador de la calabaza de arena, siendo dispersada luego por la brisa y revelando el cambio de apariencia que ahora tendría el Sabaku. - ¿Están de acuerdo? - Sus ojos, ahora color castaño al igual que su alborotado cabello seguirían manteniendo esa aura de misterio y calma que normalmente despedía el arenero, sin embargo su vestimenta mostraría un descuido casi de lamento. Prácticamente parecía un vago sin remedio. Un individuo que seguramente no generaría interés en quien le mirase. Agradecía a aquel criminal del que semanas atrás se había encargado junto con su explosivo compañero albino por prestarle sin saberlo su apariencia.

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Off Rol:

Apariencia del Henge:
La respuesta del Namikaze solamente le confirmaba lo obvio ante la desconcertante situación generada por el simple hecho de haberse anunciado el nuevo equipo. Le miró levantarse y procedió entonces a hacer lo mismo. Nada iba a ganar quedándose allí a pensar en todas esas preguntas que por ahora no tenían respuesta. Avanzó entonces fuera de la habitación tras el muchacho del estilo de combate silente para así reunirse con su Sensei y su segundo y volátil compañero. Un golpe seco sería entonces escuchado por los oídos del que tenía la peculiar habilidad de controlar los secos granos minerales del suelo desértico. Miraría entonces hacia el sitio y fijaría brevemente su vista en el médico artesano de arcilla explosiva quien después de retirar su puño de la pared cercana parecía más "tranquilo" de lo que había estado anteriormente. ¿Una descarga de frustración? Cada momento que pasaba frente al Nendo conocía una parte muy negativa del mismo...

Llegó, al parecer, justo en el momento necesario para que el Jounnin encargado del nuevo equipo del cual formaba parte diera inicio a la labor que debían de cumplir ese día, informase mejor sobre la situación y dictara las pautas a seguir para el cumplimiento del encargo de ligera pero notable importancia.

Una parte vital de la economía del país estaba en riesgo. El mercado de frutos secos había sufrido ataques por parte de desconocidos malvivientes quienes al parecer no tomaban en cuenta el daño que le generaban no sólo a la gente del sitio sino a la aldea en general. Zona de comercio al exterior, zonas de correo también. Parecían saber lo que hacían. ¿Acaso deseaban controlar esa parte de la aldea? Quizás no eran simples novatos con quienes tratarían esa vez. Llevaría sus manos a uno de los bolsillos de su abrigo y tomaría los mismos guantes de cuero negro que le habían acompañado en su decepcionante derrota allá en el País del Hierro, cubriría con los mismos sus manos para así decidirse a tomar acciones inmediatas. Las zonas de investigación ya estaban establecidas por el sensei, lo que harían a partir de allí dependería del buen desarrollo de un improvisado trabajo en equipo hecho por quienes trabajarían todos juntos por primera vez y no en dúo como anteriormente había tenido la oportunidad de hacer el arenero.

La sugerencia del Nendo no sería obviada por la atención del Sabaku una vez que el líder del grupo se había marchado en un abrir y cerrar de ojos. Una fresca brisa haría bailar su alborotada cabellera rojiza y parte de su ropaje antes de que la voz del moldeador de arcilla rompiese el silencio. - Realmente no necesitamos una formación aún. La sugerencia está bien planteada y la apoyaré sin dudas durante un combate, pero por ahora será mejor mantener un perfil bajo y tratar de pasar como simples ciudadanos más que pasean por la zona - Juntaría sus manos formando tres sellos básicos, Inu (perro), i, (jabalí), Hitsuji (carnero), en una secuencia que muy probablemente el duo cercano conocería bastante bien. - Henge no jutsu - Una breve nube de humo cubriría el cuerpo del portador de la calabaza de arena, siendo dispersada luego por la brisa y revelando el cambio de apariencia que ahora tendría el Sabaku. - ¿Están de acuerdo? - Sus ojos, ahora color castaño al igual que su alborotado cabello seguirían manteniendo esa aura de misterio y calma que normalmente despedía el arenero, sin embargo su vestimenta mostraría un descuido casi de lamento. Prácticamente parecía un vago sin remedio. Un individuo que seguramente no generaría interés en quien le mirase. Agradecía a aquel criminal del que semanas atrás se había encargado junto con su explosivo compañero albino por prestarle sin saberlo su apariencia.

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